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Blog : Sin categoría

Taller de Verano Jóvenes Escritores

«¿Vivencia o creación?» de Laura Rodríguez Concepción

Mi experiencia más extraña reposa en la lobreguez de la noche, arropada por un torbellino de sueños, creaciones de mi mente o realidades de las cuales no se habla. Momentos terroríficamente mágicos ¿Reales? ¿Ficticios? No se sabe.

Una noche me desperté, no sé el por qué, simplemente abrí los ojos. Mi primer reflejo fue mirar hacia la puerta que daba al pasillo, un pasillo oscuro, un pasillo que conectaba cada una de las habitaciones de la casa. Era una casa afilada y puntiaguda, por lo tanto, os podéis imaginar la dimensión que tenía aquel intransitable pasillo.

Miré hacia allí, vi la silueta de un hombre, un anciano para ser exactos. Este cojeaba pero corría, corría hacia mi, hacia mi cama. Me sentía atrapada, no podía moverme, no podía cerrar los ojos, no podía hacer nada.

Cuando el anciano, el cual poco a poco se iba convirtiendo en una luz, se acercaba, iba siendo cada vez un ser más difuso. No identificable.

  • ¿Me ves? – me dijo la luz
  • Sí, ¿qué eres? – le contesté. Las palabras salían solas de mi boca, era como si fuera una persona completamente distinta. En la vida real jamás hubiese contestado, es más me hubiese ido. Pero esa cosa o persona no me inspiraba del todo maleza.
  • Soy el anterior dueño de la casa, ahora aguardo en su oscuridad para protegerla de ustedes – me dijo decidido a ofender en tono amable.
  • Pero vamos a ver lucecita, ¿tú quién te crees que eres? Mejor sigue esa luz y déjanos vivir en paz, donde tú deberías reposar – le dije señalando la rendija por la que entraba un foco claro.

El anciano desapareció tras asentir, pareció haberme entendido. Normal no era, pensé, ¿se iba a ir así, sin más? ¿Por los comentarios de una “niña”?

Ya no pude dormir más, los pensamientos rotaban sobre mí. Me levanté a ver la televisión, me distraerá ¿qué iba a hacer si no? Encendí la luz, ya todo era distinto, no había nadie, como debía de ser. Estuve entretenida unos minutos mientras veía una película, me había vuelto a quedar dormida. Apagué la tele y me quedé allí, tumbada en el sillón.

Volví a despertarme, esta vez por las voces del telediario. La televisión estaba encendida ¿es que acaso no la apagué? Cogí el mando, le quité las pilas y desenchufé la tele. Nada volvería a molestarme. Pero se volvió a encender, así unas cuantas veces. Se apagó, se encendió, se apagó, se encendió…

  • Para ya, por favor, prometo cuidarle – grité hacia la tele, pensando en el anciano. Ese sinvergüenza andaría por ahí escuchando.

No recibí respuesta, simplemente la tele ya no actuaba descontrolada. Me sentía más tranquila ahora, pero seguía siendo de noche. Por ello, volví a quedarme dormida, mi cuerpo me lo pedía.

Y se repitió, abrí los ojos, vi de nuevo al anciano, se acercaba a mi. Esta vez, cerré los ojos y me di la vuelta, mirando a la pared. Si no lo miraba, nada pasaba.

“Abrí los ojos, esta vez de verdad. Mis padres estaban a mi lado, yo desorientada sudaba.

Te ha pasado otra vez, cariño. Parálisis del sueño”

«Todo está diluido» de Ana Agudo Binoche

Estoy en un barco, bueno, o al menos creo eso, todo está como diluido, sin detalles, con apariencia líquida. Tengo una sensación de vértigo, como si en un momento a otro me fuera a deshacer y desaparecer con el viento. 

Siento el aire golpeando mi cara y mis mejillas y nariz están enrojecidas por el frío, aun así tengo calor, supongo que por el abrigo que llevo puesto. 

Miro hacia abajo y puedo ver el gran espacio que hay entre la tablilla en la que me encuentro, vieja y frágil y el inmenso mar que recorre el horizonte. No soy muy ágil,  tengo miedo a caerme y morir ahogada, me pregunto si alguien en este lugar se dignaría a recoger mis restos. 

Siento una leve presión que se ejerce con firmeza sobre mi columna, es afilado y punzante. Me doy la vuelta y casi caigo de la tablilla por mi falta de equilibrio, sino hubiera sido porque me sujeté a las cuerdas sujetas al barco no estaría contando esta historia. 

La hiriente presión vuelve, pero esta vez sobre mi pecho, justamente señalando mi corazón desbocado por el dolor y el cansancio. La sensación de angustia mengua a la vez que el objeto afilado se aleja de mi cuerpo. 

Al alzar la vista me encuentro con una sombra, pero no de esas que aparecen con el sol al chocar con nuestro cuerpo, sino una que no está atada más que así misma. Tiene una apariencia tranquila y eso hace que vuela la angustia a mi pecho y que mi respiración se vuelva inestable. 

Parece que pasaron unos segundos hasta que la sombra tornó su cabeza hacia un lado, como buscando algo, aunque no sabía lo que era, quizás alguna debilidad. Entonces, como si hubiera hecho algo que lo enfadara, me atravesó el pecho con  el objeto hiriente que me había estado lastimando, esta vez pude ver lo que era, una espada, un puñal, no sabría concretar. 

El dolor tardó una fracción de segundo en manifestarse, era como una corriente de fuego abrasadora que desfilaba por mi pecho que me consumía lentamente. 

Me levanté enseguida, sudada, confusa y desorientada. Reconocí mi cuarto, mis sábanas y mi ventana, hasta la silueta de mi armario entreabierto. Pero lo que perpetuó desde el primer instante fue el recuerdo del dolor que había dejado esa espada en mi pecho, como si se hubiera quedado incrustada en mi interior, al igual que la sombra en mi pesadilla. 

«Arena » de Yaiza Crespo Darias

Era un día cualquiera, estaba en la playa, paseando. Me distraía observando las marcas de pisadas sobre la arena, dorada por el sol. Mire hacía el frente, mis padres estaban unos metros por delante. Aburrido, desvíe la mirada hacia el mar, el agua estaba tranquila. En esa zona apenas había muy poca gente, a diferencia de unos metros atrás donde decenas de personas descansaban, tomando el sol o jugando en la orilla.

Miré por el rabillo del ojo hacia el otro lado, pude observar a un hombre de piel morena pero no presté mucha atención. Iba a acelerar el paso hasta alcanzar a mis padres, pero un extraño sonido de borboteo captó mi atención. Me volví de nuevo hacia el lugar de donde provenía el sonido, el mismo que había mirado momentos atrás de reojo, pero el hombre había desaparecido.

Miré alrededor, con sorpresa, buscándolo por los alrededores pero no estaba en ninguna parte. Me acerqué más al lugar, para mirar con más detenimiento, pero no había ningún rastro. No había pisadas. Sin embargo, en el suelo había un agujero, un solo agujero, del diámetro de una pelota de tenis y algo profundo. Era raro, no parecía natural.

Me agaché frente a él, había un líquido oscuro en el fondo, seguramente agua, pero para asegurarme metí la mano en el agujero. En un principio no me di cuenta pero entonces noté algo, el líquido tenía una contextura más densa de lo normal, con algo de miedo retiré lentamente los dedos, la punta de mis dedos estaba roja, la luz del sol hacía brillar el líquido. Era sangre.

Con miedo me limpié rápidamente en la arena, me acerqué al agujero de nuevo,sin entender nada. Me sorprendí al notar que el tamaño del agujero parecía haber decrecido. Iba a revisarlo aún más de cerca pero un gritó me interrumpió. Miré hacía mis padres, ahora estaban más lejos y me llamaban para que nos fuéramos. Me levanté deprisa y me sacudí la arena. Corrí hacia ellos tratando de olvidar lo que acababa de pasar, aún así no pude evitar una última mirada hacia atrás, el hoyo en la arena se estaba cerrando lentamente y no había rastro de que nada extraño hubiera ocurrido.

Mis padres me preguntaron que había pasado, les contesté que había visto una concha en la arena y me había agachado a buscarla. No se qué pasó, probablemente me lo imaginé todo, pero tampoco quise indagar más. No volví a hablar del tema y trate de olvidarlo. Era lo mejor.

«La señal» de Nira Hernández Ramos

Era pequeña. Me encontraba acostada en mi cama en busca del difícil sueño hasta que algo ocurrió. Fue tan rápido que no tuve otra forma de reaccionar, así que lo primero que hice fue gritar. La luz de mi cuarto se había encendido sola mágicamente y a mi parecer, era algo bastante aterrador. Mis padres se levantaron corriendo de la cama y se dirigieron hacia mi cuarto esperando una respuesta de por qué había gritado de esa manera.
Rápidamente les conté. Ellos se rieron y dijeron que probablemente había sido un fallo de la luz. Comencé a llorar. Supongo que fue por el susto o algo así, pero no lo lograba entender. Ellos me consolaron y me recomendaron que intentase dormir otra vez. Antes de aquello, alcanzar el sueño era una tarea difícil, por lo que después lo fue mucho más. Me temblaba mucho el cuerpo y cada cierto tiempo habría los ojos para revisar que nadie me estaba acompañando esa noche. No pude más y fui a junto a mis padres. Finalmente conseguí dormirme, pero algo en mi mente seguía pensando en que aquello, no fue solo un fallo y tampoco era coincidencia.
Pasaron los días y aún no conseguía obtener una respuesta. Llegó el viernes, digamos que el peor viernes de mi vida. Recuerdo que mi padre me dio una triste noticia, la cual hacía que todo tuviese algún tipo de sentido. Mi perro había muerto, justo el mismo día que el incidente de la luz. Puede sonar como una estupidez, pero desde ese momento comencé a creer en que aquella luz encendida de la nada no fue solo por casualidad, y que ésa había sido la forma del universo de avisarme de que algo estaba yendo mal aquella noche.

Yo, te quiero

Yo quería quererte querer, que tus ojos verdes amarronados miraran las pestañas que jamás admitiste envidiar. Quería agarrar tu mano, sentir como tu tacto atraviesa esos marcados huesos que no llegaste a ver, ocultos bajo mi camisa. Quería ser valiente por una vez. 

Si no llegué a entenderte discúlpame, nunca se me dio bien ver más allá. No sé si soy mucho más que ese niño alto y pijo, que viste de chándal porque los vaqueros no se le ajustan a la cintura y que no se separa de dos auriculares más fieles que muchos de ustedes, más fieles que tú. No sé si viste algo más que eso, no sé si te enseñé algo más que eso. Pero me conoces lo suficiente para saber que yo quería escribir sobre ti y no sobre mí.

Despéiname aunque no me haya peinado, pierde los papeles porque yo todavía no los he perdido, deja de quererme aunque yo no haya dejado de hacerlo. Al final, solo soy alguien disimulado al que le gusta llamar la atención, temeroso de todo y de todos, con más suerte de la que pretendo y merezco. Solo soy yo.

TRANSDISCIPLINARIEDAD

Transdisciplinariedad

La mañana del sábado 24 de marzo de 2018, 14 años después del día 1, hubo un antes y un después en el Curso de Jóvenes Escritores. Hubo un érase una vez una eclosión de talentos en la Escuela Literaria. Nos visitaron de manera espontánea, como si una confabulación de planos temporales se fusionaran y un generador de antiguos alumnos del Curso de Jóvenes Escritores teletransportara jóvenes brillantes pulidos literariamente en la Escuela, eso es: Vino el magnético Carlos Moreno, que actualmente cursa el grado de Matemáticas y el grado de Ingeniería Informática en la Complutense, además de dirigir un grupo de teatro universitario y estar contratado por la misma universidad, para asesorar a preuniversitarios en la compleja decisión de decidir sus carreras. También apareció el enigmático Jorge Maury, actual y flamante ganador la Olimpiada de Filosofía de Canarias, organizada por la Universidad de La Laguna, que quiere estudiar el doble grado de Derecho y Ciencias Políticas. Y se volvió a abrir la puerta y apareció la Reina Oscura, Attenya Álvarez, que tras finalizar su Bachillerato de Artes con Matrícula de Honor, cursa el grado de Traducción en la Complutense, y que quiere ser editora. Lo será. ¡Sésamo ábrete! Y entró Jorge Esquivel, amante de la cultura popular española y futuro Almodóvar, así se presenta él.

Todos se reunieron con mis actuales jóvenes escritores, que estaban escribiendo una mini obra de teatro y tomando chocolate y cruasanes, cuando en un leve aleteo de mariposas, en una suerte de pedagogía natural, les ayudaron con su pequeño caos y resolvieron sus dudas, les dieron un argumentado comentario crítico y les aplaudieron. Les enseñaron a escribir y a pensar, a desarrollar su capacidad intelectual, a expresarse con lógica y con un vocabulario rico, y desde la sabiduría del que no sabe que sabe, desplegaron su ingenio creativo en mil colores, con ideas repletas de honrados argumentos políticos, ideas nutridas de gran conciencia social, innovadoras hipótesis filosóficas, necesarios planteamientos socráticos, verdades lingüísticas, exquisitos posicionamientos feministas unificando amabilidad, razón y una extraordinaria fe en el conocimiento.

Los mayores enseñaban a sus compañeros más pequeños que es esencial aprender a escribir, porque quien sabe escribir sabe pensar, y mi milagro de Escuela, mi proyecto maravilloso echó a volar, y mis chicos fueron preceptores, se desplegaron las mentes y mostraron que es esencial esforzarse en descubrir que todas las disciplinas nos enseñan desde el lenguaje porque la palabra está intrínsecamente ligada a nuestro pensamiento, ese eje capaz de cruzar transversalmente la emoción que se posa sobre el futuro que precisa expresarse libremente. Vi revolotear 15 mentes maravillosas sobre mi cabeza.

Pero yo soy una mentora de jóvenes escritores y no me olvido de los grandes artistas, esos que quizás suspenden hasta en recreo porque la insumisión, la rebeldía, el hedonismo y el ingenio descansan en las mentes más ruidosas. A todos ellos, a los que traslucen y demoran la belleza de sus obras y descuidan los estudios, les aconsejo que se espabilen y derrochen su tiempo también en cultivar su talento.

Los profesores hemos de enseñar para que todos aprendan, parece una perogrullada, pero si no aprenden no hemos hecho más que lucir nuestro saber estéril. Ahora que, si ponemos la emoción al servicio de la educación y nos permitimos cambiar el sistema educativo destruyendo la costra seca y vieja de lo que ya no funciona en modo alguno, construyendo y trabajando por proyectos multidisciplinares, haciendo que todas las materias formen un todo, que se deje de hacer el silencio y la inmovilidad en las aulas muertas y que la creatividad forme parte esencial de la formación, conseguiremos que se estudie con motivación y que cada concepto aprendido sea asimilado con maestría y sin pactos con el olvido, si ponderamos que el estudio per se nunca será el fin, se estudia para ayudarnos, polinizarnos con lo que sabemos para construir un mundo mejor, más sabio y bueno.

He podido saber en 20 años de enseñanza que tenemos que construir un arco iris educativo que recorra toda la paleta de disciplinas, sin cerrar la puerta de ninguna materia, sin distribución por intereses estancos porque todas los saberes se pueden abordar si elaboramos nuevos programas adaptados a las nuevas generaciones. Enseñémosles dibujo, música, biología, matemáticas, filosofía, informática, lengua y literatura, creación literaria, cocina y nutrición, medio ambiente, fotografía, cine, natación, ética y valores humanos, oratoria, historia universal, historia de las religiones, danza, teatro, gimnasia, yoga y nuevas tecnologías. 

Todas las materias son igual de importantes y de todas han de aprender desde sus múltiples capacidades, que no en todos son las mismas y todas son igual de importantes. 

Todos los educadores han de trascender su espacio disciplinar, cooperar y hacer equipo, interactuar, investigar con otros profesionales y compartir información, conocimientos o habilidades. Este es el método, lo he visto con los ojos de mis alumnos. 

La Transdisciplinariedad será hilo conductor de la nueva educación que ya está llamando a la puerta.

Antonia Molinero

Directora de la Escuela Literaria, profesora de Creación Literaria.

¿Ebook o Papel? Mejor los dos

Desde que nació el e-reader o lector digital se ha creado un debate en torno a este nuevo dispositivo pensado para lectores. Por un lado, hay quien clama que nunca lo utilizará, ya que “no es lo mismo que leer un libro en papel”. Sin embargo, cada día hay más gente que le da una oportunidad a estos aparatos y descubre su enorme utilidad.

Un e-reader presenta diferentes ventajas que lo convierten en un dispositivo muy interesante para los amantes de la lectura. En primer lugar, es más ligero que un libro en papel normal. Ahora no tienes por qué cargar una novela de más de mil páginas en el bolso, con el e-reader apenas te darás cuenta. Y si te aburres y deseas empezar una nueva lectura, el e-reader te permite almacenar más de mil libros que podrás llevarte adonde quieras. Además, los libros en formato digital suelen ser más asequibles, lo que nos permite ahorrar, y, según la plataforma de compra que uses, cada día puedes encontrar ofertas muy interesantes. Asimismo, tener acceso a libros en otros idiomas es más sencillo, ya que están disponibles a un simple clic.

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