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Clausura en la ECCL 2010

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Con motivo de la Clausura de los Cursos de Creación Literaria y Liberación de Recursos Expresivos 2009-2010 Carlos Castañosa, actual alumno del Curso de Liberación de Recursos Expresivos, Marco Roldán Molinero, futuro alumno de 8 años que asistirá a los Talleres de Escritura para niños que la ECCL tiene previsto realizar en el próximo año lectivo y Javier González Pérez, actual alumno del Curso de Creación Literaria, han realizado estos divertidos cuentos sobre el fútbol.

Los  Boludillos, de Marco Roldán Molinero
Un día en Buenos Aires, Argentina, unos niños jugaban muy bien al fútbol. Gonzalo, Martínez y Leo jugaban tan bien como Pelé, Messi y Cristiano Ronaldo. Gonzalo era un defensa excelente, Martínez era un centrocampista para chuparse los dedos y Leo era un delantero muy entero.
Guardiola, el entrenador del Barcelona, estaba de vacaciones en Buenos Aires, les vio jugar y quiso que hicieran las pruebas para entrar en el Barça.
Pero no todo era tan fácil. Boludo, el envidioso, quería arruinarles las pruebas.
Llegó el día de la prueba y mientras los tres niños se vestían en los vestuarios, Boludo les encerró, pero antes cogió la camiseta de Leo, el número diez, para hacerse pasar por él y les dijo que los otros dos amigos estaban enfermos.
El Boludo hizo las pruebas pero falló cayéndose de culo cuando tiró a la portería.
Mientras, Gonzalo vio que había una ventana y les dijo a sus amigos -Che, viste, allá hay una ventana, podemos salir por ahí.
Y salieron, pero cayeron dentro de un contenedor de basura. Cayeron entre pescado podrido, yogures caducados y otras cosas que es mejor no decir para no vomitar. Entonces el camión de basura se los llevó.
Los niños gritaban -Che pibe pará-, pero el conductor ni caso. Entonces como eran futbolistas empezaron a dar patadas a la basura y así el conductor se dio cuenta de que algo raro pasaba. Paró y casi se mete un buen leñazo.
El conductor bajó del camión y les dijo -¡Qué carajo hacen acá pendejos!
Los niños le explicaron lo que les pasaba y el basurero les dijo -Pero pibes les quedan diez minutos para llegar al estadio-.Y al ver sus caras de penita dijo -Yo los llevo Boludillos.
Llegaron al estadio e hicieron las pruebas tan bien que Guardiola les dio un abrazo pero les dijo -Jugáis muy bien pero oléis muy mal. Lo mejor será que os deis una duchita-, y dijeron los tres -¡No a los vestuarios otra vez, no!
Les llevaron a Barcelona y allí conocieron a David, Xavi y a Marc, unos niños que jugaban igual de bien que ellos y se hicieron muy amigos.
Y llegó la hora de su primer partido que era Barça contra Villarreal y les ganaron de palizón con un gol de Leo que dedicó al basurero, otro de Gonzalo que se lo dedicó a su perro, otro de Martínez que se lo dedicó a Boludo y otros tres de los tres catalanes. ¡Seis jugadores legendarios!
Y así, ganando en todos los partidos.
Al final Boludo les llamó un día y les dijo – Che basureros los extraño mucho-. Y los  Boludillos le respondieron -Che Boludo eres nuestro mejor enemigo.

Javier González Pérez
Da comienzo la guerra de los mundos. Once contra once. La anfetamina rueda por el césped, se tensan los músculos, los corazones se aceleran.
Los Políticos se frotan las manos: No hay guerra que calme tanto.
Los Psiquiatras viven el partido envidiosos: Jamás que te pateen el cerebro ha estado tan bien pago.
Los Psicólogos protestan al gobierno: Deben ser ellos quienes desde el banquillo controlen el conductivismo del juego.
Los Sociólogos andan por la grada haciendo encuestas:
– mujeres no apaleadas por gol a favor   10.000
– empleados amargados el resto de la semana por penalty en contra     100.000
– estómagos redimidos con alcohol, pipas y bocadillos  1.000.000
Se acaba el partido.
Mañana lunes la orden impresa obligará a comprar el periódico como desodorante    para que ilustre el sobaco.
Su titular viene siempre impregnado de Éxtasis o de Prozac. Depende del resultado.

Tarjeta verde, de  Carlos Castañosa

Según sus inventores, el fútbol es un deporte de caballeros jugado por villanos – Rugby is a sport of villains played by gentlemen, and football is a gentelman´s sport played by villains –  No hay más que ver las entradas salvajes  a  ras de hierba que, con la excusa de disputar un balón, en repentino brote de pasión agrícola, convierten el regate en guadaña segadora para partir la tibia del adversario; quien además de compañero de profesión es un ser humano; y quizá  también padre de familia, o el hijo único por quien su madre llorará el dolor del  esguince o  del codazo en el tabique nasal.

Para contrarrestar esta violencia y suavizar el instinto de los  potenciales asesinos, se inventaron las tarjetas. Amarillas para falta leve, entrada bruta pero sin romper hueso. Y roja con expulsión para las más graves, aquellas que rondan el delito.Se encuentra a faltar otra tarjeta de color verde, no por connotaciones ecológicas, sino por afinidad cromática con el material en cuestión.

Cierto es que la amarilla, la de los pecados veniales, cubre también las faltas de educación, el menosprecio el árbitro, la protesta airada o el insulto al contrario. Pero, como se trata de gente con un nivel muy rudimentario, se impone la necesidad de corregir ciertos gestos de grosería y repugnantes maniobras buconasales que no figuran contempladas en el reglamento de la FIFA. Sin embargo, las cámaras de televisión no se privan de exhibir escenas que, si te pillan a la hora de comer, lo mejor es que no sea en los postres y estés tomando, por ejemplo, unas natillas.

Foto: Archivo El Universal
¿Por qué no se suenan debidamente antes de salir al campo y así no tendrían necesidad de apretarse un lateral de la nariz para disparar por el otro agujero  un proyectil viscoso que se estampará en el césped? ¿Hay necesidad de, antes de chutar un penalti o golpe franco, escupir de costadillo un par de veces? Eso sí, las cámaras suelen estar atentas a estos detalles que, de lejos, a lo mejor no se aprecian en toda su magnitud, pero analizados  de cerca fuerzan a la meditación de sí además del cuarto árbitro sería necesaria la implantación de un operario encargado de marcar en el césped con banderitas los impactos de una gran sonata o del escupitajo previo al saque de esquina. El árbitro le tomaría la matrícula al infractor, y cuando el juego se detuviese, le mostraría la tarjeta verde, color a juego con el efluvio, y lo dirigiría a su banderita recién plantada. Allí, recogería su inmundicia con un kleenex, al igual que hacen los dueños de los perros en la vía pública, y se evitaría que por una casualidad el balón impactase en el engrudo,  se lo llevase pegado y que en el siguiente remate de cabeza el delantero se encontrase en la frente una pegatina no deseada. 
Tres tarjetas verdes significarían la expulsión del partido y la suspensión por dos más.
Podría ser una medida correctora, aunque como todas las normas tendría sus lagunas. Por ejemplo: El cancerbero – portero con cara de perro – ¿por qué tiene que escupirse reiteradamente los guantes? Si se supone que están hechos de un material antideslizante, ¿qué necesidad hay de menguar sus condiciones con la salivilla? O tal vez no sea saliva sino material más consistente y viscoso del mismo color que las tarjetas. Así sí se aumentaría la adherencia.
Para los mitómanos: Yo jamás aceptaría como obsequio o trofeo un balón usado de esos que firman todos los componentes del equipo que ha ganado tal o cual  partido.
¡Joder, qué asco!

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