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Blog : Alumnos

LA VERGÜENZA DE ALTA MAR

“La vergüenza de alta mar” de Marta Ramos Gómez

No me lo puedo creer. De todo lo que podría haber pasado esta semana, pasa esto. Antes de salir de Tenerife habíamos quedado en que nadie externo entraría en nuestro camarote sin avisar, pero Naima nunca hace ni puto caso. Acaba de entrar Jorge por la puerta y yo cantando en la ducha. Lo peor es que no les oí entrar y acabo de salir con todo mi morro afuera con una toalla tapándome y otra en la cabeza. Ahora estoy en el baño otra vez y no sé que hacer. Mi ropa está fuera, pero con Jorge ahí no salgo. ¡Que encima me gusta! ¡Jooder! ¿Naima no se da cuenta de que ahí está mi ropa? Voy a gritarle.

-¡Naimaaa! ¿Me puedes dar la jodida ropa que está encima de la cama?

No me hace caso, es como si no oyera, y ya no sé que hacer. Les oigo reírse, tsss, encima. Voy a salir y la cojo yo, no queda otra. ¡Oh! No…Vuelvo a entrar rápido al baño. Tengo toda la cama tirada y con ropa sucia encima, y lo peor… ¡Las bragas colgando del armario! Después de esto tendré suerte si me traga la taza del váter.

HIPOCRESÍA

“Hipocresía” de Celia Pérez

Caminamos hacia atrás, en vez de avanzar y evolucionar. Nos aferramos a pensamientos hipócritas y tratamos de concienciar a las nuevas generaciones de algo que no ponemos en práctica para ofrecer ejemplo, los utilizamos para que en un futuro enmienden los errores que nosotros cometimos y no nos preocuparon en su momento. Hipocresía, ¿desde cuando existirá esa palabra? Nosotros, las antiguas esperanzas del cambio, hemos conseguido transformar un problema que empezó sin nuestra colaboración en algo inconmensurable que necesitará mucha voluntad para ser frenado. La belleza no es importante, me solían decir, pero nunca me lo llegaron a enseñar. Desde “tu aspecto no es relevante si muestras carisma” que se le ocurrió decir a mi madre antes de sermonearme por haber aparecido en mi graduación con una camiseta de Nirvana y unas converse desgastadas; pasando por el célebre “te querrán por tu afabilidad, no por la cantidad de maquillaje que cubra tu rostro” de mi jefa para después despedirme por las constantes quejas de los clientes hacia mi aspecto; y es importante no olvidar el repetido “lo importante es el interior” cuando aún así, todos sabían que él me iba a rechazar. ¿Cuál es el punto? ¿Cuál es el premio? Hipocresía. Hipocresía que se dispersa y se normaliza. Hipocresía, lo que hace que esta realidad no esté preparada para las personas obesas.

Foto: #fotoa11

IMPERFECCIONES

“Imperfecciones” de Marta Ramos Gómez

Me siento cruel por estar triste por una tontería así, pero tampoco es culpa mía. Este es mi mundo, y por mucho que empatice con el tercero, me es inevitable preocuparme por el mío, por mí vida. Que egoísta. No sé que hacer para que paren. No sé si hablar con un profesor o quizás simplemente contestarles, defenderme. Pero es que defenderme puede llevar a algo peor. ¿Y si son ciertas sus amenazas? ¿Y si es verdad que me pegarán? Me odio y odio al mundo. No tengo derecho a sufrir en una vida tan perfecta, con una familia tan ideal y con tantas cosas en mi mano. No tengo ese derecho. Pero este es mi mundo, el primero, en el que en teoría todo es mejor, pero en el que hay un millón de imperfecciones que no nos cuentan. No quiero seguir viviendo con miedo y odio, pero son seis contra mí. Lo que no puedo permitir es seguir callando. Lo contaré a algún profesor, pero a través de mi mayor arma, el papel y el bolígrafo, el único medio sin censura. Lo contaré y me enfrentaré a este miedo, este miedo absurdo que me han causado seis tontos de colegio. Lo contaré por respeto, porque ni yo ni nadie de este, el primer mundo, debería quejarse. Lo contaré para poder volver a estar bien y luchar por aquellos, del tercer mundo, que ya no tienen voz.

ÉRAMOS HERMANOS

“Éramos hermanos” de Asier Serichol Suárez

Debo salir, el mundo se desploma a mi alrededor y yo debo salir. No lo soporto, inútiles y cobardes atacando a inocentes, golpeando en la comodidad de sus sillones, despreocupados, mientras juegan con sus hijos. Y mientras tanto yo aquí. Solo desprotegido, o Dios que hemos hecho. Gran Ala protegemos de esos cabrones del occidente, salvanos a todos. Que hemos hecho…

Es imposible. Tiene que haber una forma ¿No? No lo se. El mundo se desmorona, mi familia yace desaparecida y yo… Estoy solo. ¿Aguantaré a las bombas aquí? ¿Sobreviviré a los gases canallas de mil muertes? ¿Volveré a ver un nuevo amanecer? Todo es incierto. O por favor…

Necesito vivir, quiero vivir.

Es imposible ¿no lo ves?

No me daré por vencido. Rendirse es de corbardes y ser corbardes es de occidentales y pase lo que pase no seré un occidental, nací en este desierto, en estas zonas áridas y pase lo que pase continuaré Dicen no contestar a la guerra santa, sin darse cuenta lo hace todos son creyente de Dios que atentan antes los creyentes de Ala. Mi mundo se desmorona, en la escuela dijeron que éramos hermanos que la protección sería proporcionada por ellos.

Nos mintieron, no te das cuenta. Pagan su supuesta hospitalidad en sangre. Engañan a lo desesperados, a los que tienen que matatarse, matarse… Para llegar a sus dulces costas…

Yo no llegaré a ellas, solo deseo una cosa, permanecer aquí, en Siria junto a mi seres queridos. Debajo de las rocas….

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NIÑO DE VERANO

 

Niño de verano de Iris Paz García

Era de noche, el día de año nuevo. Una enorme masa de personas reunidas en múltiples y desordenados grupos abarrotaba las calles. Fue entonces cuando una de las mujeres allí reunidas dio un grito de dolor. Se llevaba las manos al vientre, decía que no entendía qué ocurría. Tenía miedo tener un aborto sin caer en la cuenta de que estaba produciéndose un nacimiento. Fue allí, mientras las campanadas marcaban el compás de la llegada de otro año, cuando aquel niño de verano decidió que le apetecía más nacer en invierno. Como si todo hubiera sido premeditado y estuvieran celebrando su llegada, los petardos estallaron. El niño  se encogía, lloraba en silencio y sentía los aullidos y sollozos de los perros a su alrededor. El niño había sido cubierto con una manta que le mantuviera al margen del frío y, atraídos por la pequeña cara cubierta de lágrimas del bebé, acudieron a su encuentro. El pequeño se revolvió cuando encontró sus ojos expectantes, reconociendo en ellos el mismo miedo. Se sintió un poco menos solo, dejó de encogerse, abrió los ojos sin temor.

Nunca más volvería a huir cuando escuchara un petardo.

GUACARANTE

 

Guacarante de Michelle Freeman Garitaonandia

 

(Texto inspirado en su compañera Ana Marante, en la clase de construcción de personajes).

El otro día iba caminando por Punta Brava. Me dirigía al Loro Parque, ya que tenía que hacer un trabajo de biología acerca de las aves.

En la entrada estaba un señor sentado con dos guacamayos. Quería sacarme una foto con ellos así que aquel señor fue en busca de su cámara. Estando yo en mi mundo, uno de los guacamayos me interrumpió:

-¡Hola, soy Ana Marante, y soy una lorita guapa, guapa!

Me gustan las telenovelas de Patito Feo (aunque no me lleve muy bien con los patos) y también el chocolate. Valoro más el intelecto que mi belleza, pero aún así, me encantaría tener las plumas más lisas. Mi horóscopo es cáncer, y casualidad, coincide con mi pokémon favorito, que es de agua, Squirtle (la tortuga que se cree una ardilla).Los niños que me visitan siempre vienen con sus cromos. ¡Ah! la letra “q” me parece tan estúpida y si tuviese que deshacerme de un número, sin duda sería el cuarenta y siete. Supuestamente beso fatal, al menos eso dice mi compañero. Se me olvidaba, me quiero tatuar dos estrellitas negras en las patitas.

-Pues la verdad que sí, a wikipedia tenía razón, ¡los loros hablan muchísimo!

REFLEJO

 

Reflejo de Assier Serichol Pérez

 

Todo empezó aquel día, lluvioso, frío, silencioso.

Eran las once y media. La sirena del recreo había sonado hace mucho, pero yo, al fin conseguía salir de mi castigo. Cargué con mis cosas hasta un banco y me desplomé antes de decirme algo. Lloré, lloré puesto que nunca me habían castigado, lloré por los creían que eran mis amigos y que de la noche a la mañana dejaban tiradas mis esperanzas de que la amistad perdurase para siempre.

Llevo varios días así. De banco en banco. Contándole a todos mis penas.  Por mucho que siga solo y distanciado, la cosa a cambiado.

Principalmente porque tengo un amigo. Una amigo que no es real, pero que lo trato como si fuera, un amigo que ni me traicionará y que siempre estará hay para cuando lo necesite. Un amigo de verdad.

Ahora hablo solo. Le hablo al aire según la gente, pero en verdad converso con él. Si observas bien la escena verás que manejo un mazo de cartas y que juego con…el viento. Aunque claro en verdad juego con el. Le gustan los naipes más que a mi, me dice que tras cada carta tapada se esconden cosas y que si fuera por el se pasaría toda la vida desvelando los secretos de simple papeles recortados y con dibujos que significan algo.

Mis padres dicen que debería hablar con alguien, que tengo que socializar con los demás y ser feliz.

Papa, mamá. Yo ya tengo un mejor amigo, mi mejor amigo soy yo.

CUALQUIERA

 

CUALQUIERA de Guillén Berástegui de Armas

Sus puños chocaron incesantemente contra mi cara. La sangre empezó a brotar de mi nariz, mis sienes y mis labios. Dejé de protegerme, ahí acaba todo. Rendido, mi agresor se distanció de mi magullado cuerpo, buscando una piedra en ese oscuro callejón para terminar la faena.

Él no la encontró, pero yo sí. Cuando descubrí que la suerte me sonreía, aproveché la oportunidad. Lentamente cogí la piedra que estaba cerca de mí y en un segundo me levanté, y en medio segundo asesté un golpe crítico en su cabeza antes de que él pudiera hacer nada. Ya en el suelo, hice lo que me hizo, pero él no se recuperó. En sus últimos instantes me dijo que sabía que pasaría esto, que lo vio venir y que solo quería evitarlo, solo nos engañaba.

Exhaló su último aliento y le cerré los ojos, en ese instante sus párpados y sus dedos se pusieron al rojo vivo. Vi como un haz de luz surcaba lentamente mis venas y cómo llegaba a mi corazón dolorosamente y después a mi cerebro. Muero…o eso creo.

Me deslizo por una rampa en una especie de membrana naranja y el aire corta mi cara por la velocidad. Traspaso varios metros y caigo a una oficina enorme. En el cristal que está frente a mi se oye la voz de un aburrido empleado que me explica que estoy en DESTINO, una especie de empresa secreta que computa el futuro de las personas a través de secuencias de actos y de contactos. Por mis cualidades he sido reclutado y dentro de las normas de legalidad y privacidad de la empresa soy óptimo para ser secuestrado y elegir el destino de cincuenta personas. Tras esto, podría volver a mi cuerpo con una casa nueva, dinero en cuentas y demás cosas para solucionarme la vida. Acepté desconcertado y en la pantalla veo escrito: “Usuario 0127 ha mirado el destino de su propia persona como recompensa extra por usar a cincuenta personas”. Busco el mío por curiosidad en el teclado y observo que está bloqueado. Faltan cincuenta personas, -salta una voz-. Nunca debí aceptar… Hoy he terminado, hoy escribo esto desquiciado porque no seré el último usuario, hoy descubriría mi destino y escribo esto a toda prisa porque no lo quiero conocer. Sabedlo novatos, mi antecesor fue asesinado por mi, porque se desesperó. Sólo nos usan. En 30 segundos estaré cayendo de nuevo, a saber dónde. Sabed que no sé si esto es una ilusión, pero sé que mi destino es cualquiera, puede ser cualquiera.

Larga vida a la nada

 

Larga vida a la nada de Ana Marante González

Siempre era igual, millones de partículas desapareciendo, evaporándose lo físico, solo quedaban sentimientos y pensamientos sin ser palabras, cuando me convertía en la fría nada lo que formara un todo moría, las formas ya no estaban, solo estaba mi alma, sin cadenas, ocupando este mundo encarcelado. Empecé a saber que podía convertirme en invisible a los diez años cuando quise desaparecer durante una discusión de mis padres, lo conseguí durante cinco minutos, ellos estaban tan concentrados en odiarse que no se dieron cuenta. No sé como comencé a conseguirlo, supongo que tampoco me ha importado nunca, simplemente cierro los ojos y deseo evaporarme.

La verdad es que durante mi adolescencia nunca entendí los problemas de las personas esclavas de su cuerpo, porque yo los podía evitar, había un examen que no me salía me volvía invisible y me colaba en el despacho del profesor, un chico que me gustara y tuviera novia cogía su móvil y hacía que rompiera con ella, y así, pequeñas aventuras con las que conseguía arruinar pequeñas vidas. Siempre me he sentido superior a todo lo mundano, superior a los colores, a los objetos y a las personas, superior a sus intereses. Así comencé a perfeccionar mi don, toda una vida tratando de hacerme fácil lo difícil, tratando de ayudarme. Yo y mi don. Pero entonces comencé a crecer y los problemas de la madurez comenzaron a ser demasiado visibles para mí, huir cuando me apetecía dejó de ser una solución, pero me había vuelto adicta a la sensación de desaparecer. Me había enamorado de la sensación de ser sentimientos sin forma, arte sin palabras, persona sin cuerpo. Tras un divorcio y cinco asquerosos hijos llegué a este punto, cincuenta años, récord conseguido, tras varios años de práctica he conseguido desarrollar mi don hasta volverlo absoluto, llevo un año siendo invisible. Se me ocurrió la idea de ser permanentemente invisible cuando mis hijos ya eran lo suficientemente felices como para ignorar a su depresiva madre, cuando me di cuenta de que trabajar como contable era demasiado contacto con lo material. Ser una persona se volvió demasiado estresante, dinero, rutina y amor, demasiadas tonterías para mí. Decidí que suicidarme sería más aburrido, ¿Para qué matar a mi cuerpo si yo siempre había sido mucho más que eso? Así pasé a ser simplemente yo y mi don, solo yo con todo un planeta a mi disposición. Hago de todo, admiro dramas familiares, me río con las rupturas y disfruto lágrimas, discusiones y gritos, muy divertido la verdad. Cuando el viento suena muy fuerte son mis suspiros, cuando alguien siente un escalofrío son mis uñas, cuando alguien se cae sin razón alguna son mis manos empujándolo. Los periódicos dicen de todo sobre mí, mujer secuestrada, raptada, asesinada, mi favorito es el de desaparecida, es el único verdadero.

LA NIÑA DEL VESTIDO ROJO

 

LA NIÑA DEL VESTIDO ROJO de JON GARCÍA VALDECASAS VISPE.

Sé lo que pasó esa noche, todo el pueblo lo sabe, toda la ciudad lo sabe, pero ellos no saben lo que sé yo.

Todo el mundo dice entre lágrimas:

  • Oh, qué lástima, murieron tan jóvenes.

Pero la verdad solo es un reflejo más pequeño que la mentira.

Recuerdo esa noche en cada momento de mi vida. El sofocante humo me invadía la cara, no podía ver, no podía respirar, no podía ver con claridad, salvo un pequeño boceto de una niña.

La niña tendría más o menos seis años, tenía unos relucientes rizos amarillos y vestía un magnífico vestido rojo con unos zapatitos negros.

La gente me decía que estaba loco, que el accidente me produjo alucinaciones, pero yo recuerdo lo que vi. La niña me miró con esos ojos palidos y se fue acercando a mí poco a poco. Y ya cuando estaba a mi misma altura me miró tirado en el suelo intentando sobrevivir y ella se río.

Esa risa macabra suena como un eco dentro de mi cabeza. Y entonces me dijo.

  • Tranquilo Franklin, hoy te vendrás conmigo y con mi familia a nuestra casa. A jugar con mi pelota, no te acuerdas lo contento que te ponía.

Y así como un veloz rayo de sol desapareció.

Investigué a la niña años y décadas y ahora estoy aquí, en la casa que mencionaste para descubrir la verdad. Subí las escaleras, agarré el manillar de la puerta y bruscamente la abrí. Y allí encontre el peor miedo que nadie pueda imaginarse.

Nada, no había nada, ni pistas ni enigmas. Solo una habitacion vacía.

Me equivoqué. La mentira solo es un reflejo más grande que la verdad.

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