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Blog : Alumnos

OSITO ABRÁZAME

Osito Abrázame” de Daniel Güidi Flores, alumno del Taller de Creación Literaria del Campus Artístico de Verano 2018

Sentí como que las paredes se estrechaban, aquella sombra que veía todas las noches sacó una afilada sonrisa. Las paredes se estrechaban más y más.

¡Alto! Chille como pude.

Por mucho que gritara nada cambiaba. Sentí que me ahogaba.

Apareció una dulce niña.

¡Ayúdame! Gritó la niña.

Es tu deber. Dijo en voz baja.

De repente pasó de ser una dulce niña a una alta mujer.

¡Has sacado malas notas! Chilló mientras pasaba a convertirse en mi peluche de la infancia.

Lo ví y me abrazé a él. La pared se abrío, aquello ya era normal.

Desperté del sueño, lleno de sangre. Mi madre me contó que me sí contra la pared.

Sería un buen taponazo. Pensé.

Yo en el fondo sabía que no era así. Estaba harto de ese sueño, hoy fue diferente, hoy apareció mi salvación, mi peluche. Sonreí, todavía estaba dudando. Fui al baño para lavarme la sangre. Miré al espejo y ahí estaba, no era yo, era la sombra.

LAS HADAS Y YO

Las Hadas y Yo” de Sara González Perdomo, alumna del Taller de Creación Literaria del Campus Artístico de Verano 2018

-¿Qué es lo esencial en mi vida?

Verás, en mi mundo hay hadas, si, has entendido bien, hadas. Pero no son hadas cualquiera, son crueles y despiadadas por lo tanto para mi lo esencial es sobrevivir y más que en sentidos físicos como el dinero, trabajo, etc es más bien algo psicológico.

No, no soy un hada y si, si me discriminan por no serlo. Por ello y muchas otras cosas hay que sobrevivir a insultos, manipulaciones y magia oscura.

Es injusto que por ser diferente te traten como un bicho raro cuando, realmente lo son ellas.

Fionna

FAMA

Fama” de Verónica Castillo, alumna del Taller de Creación Literaria del Campus Artístico de Verano 2018

Cuando sonríe, las comisuras de sus labios se levantan de una manera especial, iluminando el lugar con tan solo un gesto. Se toquetea los cabellos, lacios, de manera nerviosa. Esboza una sonrisilla ladeada, que indica que no se encuentra cómoda allí, ante tanta gente.

Cuando Lorena había escrito su primera novela, no pensó que tendría tanto éxito. Ahora, sentada en un sillón rojo, no paran de acribillarla a preguntas. Y no puede mantenerse serena, sobre todo, teniendo en cuenta la gran invasión a su privacidad que le están haciendo.

Mueve las piernas, en busca de una tranquilidad que nunca llega. Se ajusta las gafas, en su mayoría de un tono fucsia, mientras el presentador se dispone a hacerle la siguiente pregunta. A la cual, ya no responderá. ¡Tanto trabajo, tanto esfuerzo, y ahora, las cámaras están continuamente persiguiéndola!

-Señorita Lorena-Suelta el presentador, captando la atención de la joven-.Díganos, por favor, un defecto y una virtud de usted.

Lorena pasea sus bonitos ojos castaños por el público, que espera una respuesta, impaciente.

No puede continuar la entrevista. ¡Apenas es una niña! ¿Acaso es normal que esté allí?

Sin que mas pensamientos ronden por su cabeza, exclama:

-Podéis cumplir vuestro sueño, tener un don y hacer algo excepcional, pero…-Toma aire, mientras siente como sus ojos se empañan y las lágrimas resbalan por sus mejillas, amargas-No podéis permitir que se metan en vuestra vida de esa manera. Y menos si todavía sois tan jóvenes. Hay niños y niñas que sueñan, día y noche, con la fama. Pero creedme, es mucho mejor no tener que responder frente a medio mundo preguntas como las que me ha hecho hoy este hombre.

Y tras haber concluido con todo lo que piensa, se marcha, completamente decepcionada.

HABLAR

“Hablar” de Patricia Lutzardo Martín, alumna del Taller de Creación Literaria del Campus Artístico de Verano 2018

En cuanto conseguí papel y lápiz empecé a escribir la carta a la que llevaba meses dando vueltas. Sentí una mezcla de alivio y ansiedad y tuve que parar varias veces porque las lágrimas no dejaban de mojar el único folio que poseía. A veces no podía evitar escribir con letra mayúscula por los nervios. Sentía como si el recuerdo me oprimiera la tráquea y me costaba ver a través de las lágrimas, pero de alguna forma conseguí escribir lo siguiente:

Cada vez que iba a casa de abuela me quedaba sin voz. Nunca conseguía hablar con mis tíos, a veces ni siquiera dedicaba palabras a mis tíos, a veces ni siquiera dedicaba palabras a mis abuelos. Sentía que cada frase que pronunciaba estaba mal, que nunca conseguía hacerme entender, que me acabarían gritando o que me odiarían. Pero contigo era diferente. Tú hablabas y hablabas, reías y hacías reír, jugabas conmigo, me querías. Contigo hasta cantar era fácil. Recuerdo tu sorpresa al ver que me sabía la letra de cada una de las canciones que me habías cantado. Y lo mejor era que las dos nos equivocábamos, pero tú solo sonreías y lo volvías a intentar hasta que te salía bien. Yo era mejor bailarina que tú, ¿recuerdas? Pero tú sentías la música, siempre te admiré por eso.

Aprendí a hablar gracias a ti. Y luego me guiaste a escribir también. Pero a pesar de todo eso, yo nunca te lo agradecí. Y a pesar de que no te lo agradecí, tú me leíste libros hasta que me atreví a leer yo sola. Y ese es el mejor regalo que me han hecho o me harán nunca. Yo creía que los libros me habían salvado la vida, pero fuiste tú.

Me separé del papel un momento: no lo soportaba más. Lo último que había escrito me había traído un huracán de sentimientos y de recuerdos. Me devolvió el miedo y el dolor. Así que grité, grité porque no había nadie que escuchar mis palabras, grité porque, por mi culpa, había acabado todo. El eco de mis gritos se apagó. Antes de sumergirme en la oscuridad del silencio, escribí mis últimas palabras:

Te hice un regalo en silencio para agradecer tus palabras. Ahora tú no hablarás nunca más, y yo tampoco.

LA VIDA EN GENERAL

“La vida en general” de Irene Conde Hoyos, alumna del Taller de Creación Literaria del Campus Artístico de Verano 2018

Lo esencial en la vida para mí es que todo fluya, el tiempo, las máquinas, las personas… la vida en general. Desde pequeño mi padre siempre me ha inculcado eso, hasta la muerte de mi madre. Desde ese momento el mundo de mi padre y el mío se paró, se dividió en cientos de pedazos.

Mi padre cerro su negocio ¿Por qué cómo iba a arreglar algo alguien que está roto? Solo comía, bebía y dormía. Cada vez se le veía peor. Las facciones de su cara estaban demacradas. Sus amigos dejaron de visitarlo y solo nos tenía a mí y a mi hermana pequeña…tan pequeña que no entendía lo que pasaba a su alrededor y siempre iba con una sonrisa en la cara.

Recuerdo aquel fatídico día en el cual mi padre falleció. Falleció por pena, murió porque la tristeza lo destrozó por dentro. Como un paracito que entró sin pedir permiso. Un allanamiento de morada que salió muy caro.

Cuando llegó la hora de despedirse del cuerpo. Sujete sugélida mano. Me negaba a separarme de él. Aquel paracito pasó de su cuerpo al mío y la melancolía recorría mi ser. La abrumación del futuro, las millones de incógnitas ¿Cómo cuidaré ahora de mí hermana? ¿Qué haré con el negocio de mi padre? Y así miles de preguntas.

Un mar de lágrimas se deslizaba por mi cara. Hasta que alce la vista y observe a mi hermana mirándome mientras decía:

-No llores, ahora papá esta con mamá-

Y mi cabeza hizo “click”. Como un engranaje oxidado que vuelve a funcionar después de muchos años. Fluye. Como el tiempo, las máquinas, la gente… la vida en general.

HE AQUÍ LA MÍA

Aquí tienen el cuento escrito por Iris en el Taller de Cuentos de Antonia Molinero que realizamos ayer en el Curso de Jóvenes Escritores. Escribieron 15 Cuentos que decidimos llamar Relencuos porque estaban más cerca del relato que del cuento.

“Un cuento es una pieza de relojería literaria perfecta, redonda y dinámica, pero capaz de parar el tiempo para conmocionar al lector” A. Molinero Calleja 😉

Iris Paz también es la ganadora de Concurso de Cuentos de La Laguna Noche En Blanco 2017 💜

“He aquí la mía” de Iris Paz García

Érase una vez alguien que lo sabía todo. Conocía las verdades universales, los secretos y que aquello que nunca había sido dicho. Tan grande era su saber que nadie lo sabía. Puede que ni siquiera ella lo supiera.

Los cuentos suelen hablar de los sabios, he aquí la mía. Tan inteligente como inmenso es el universo. Todas sus deducciones eran dichas a través de enigmas y adivinanzas que sólo quien estuviera dispuesto a escuchar lograría comprender. Decía cosas que parecían carecer de sentido como:

<<Si sigues el camino del arco iris llegarás al lugar cubierto por la lluvia>> o <<Es imposible que no haya nada porque la nada es algo. Y si no hay nada porque la nada no es algo, entonces hay algo que hizo que la nada sustituyera a lo que estaba lleno>>.

Decía que los monstruos existían, que estaban a nuestro alrededor pero se escondían en la boca oscura del lobo o bien jugaban a ser ovejas. Y siempre estaba ahí, esperando para devorarte.

Le gustaba visitar los cementerios para reconstruir las historias olvidadas, porque todas las tumbas acababan guardando relación las unas con las otras. Decía que el muerto no estaba muerto porque un día podrías reconocer todo aquello que era, su espíritu, en otra cosa. Ya fuera la tormenta incesante que no te dejaba conciliar el suelo o el repiqueteo de la lluvia sobre el pavimento. O quizás en el brillo de una estrellas fugaz.

No confiaba en nada porque había que desconfiar de todo y lo real se podía confundir con lo irreal y lo irreal se podía confundir con lo real.

Ellos cuestionaban todo cuanto ella decía. Se atrevían a hacerlo porque era una niña, y los niños no saben de lo que están hablando.

Yo fui otra de las que se atrevía a decir que de su boca solo salían sandeces:

Hija, solo dices tonterías. Cualquiera que te oiga pensaría que estás loca.

Mamá, ¿no se te ha ocurrido pensar que quizá tú eres la loca?

Los cuentos suelen hablar de los sabios, he aquí la mía. La niña que conoce todas las historias, y si conoces y comprendes las historias, entiendes el mundo.

RECUERDOS DE MADRID

“Recuerdos de Madrid” de Guillen Berastegui de Armas

Casi lloró cuando sus compañeros de despacho se despidieron de él. Durante 15 años compartiendo la abogacía con ellos, ahora tocaba irse. Era la vez que más le había costado marcharse y bien lejos además, a Canarias.

Tranquilos, vuelvo en 6 meses para hacer unas últimas cosas aquí en Madrid– dijo con ojos húmedos Nacho.

¡Ay Nacho! Recuerdo con ojos igual de húmedos todo lo que me contó. Llegó aquí con todo lo que yo necesitaba, su sabiduría y su experiencia. Me formó para ser el mejor. En tan poco tiempo nuestro pequeño despacho en Santa Cruz creció. Recuerdo todo eso como igual recuerdo como hablaba de sus compañeros de Atocha y de sus años de lucha en la clandestinidad por culpa del franquismo. Recuerdo a un héroe.

Pero ahora no recuerdo, sino que siento su historia de cuando volvió a Madrid. Un Madrid que era igual cuando lo dejó… o eso parecía. Estaba tan cerca de encontrarse a los compañeros que tanto añoraba cuando todo pasó… las balas, los gritos. Mientras todo el mundo huía, él iba hacia la fuente del sonido. Cuando llegó ya no había nada. Los terroristas se habían ido, pero allí, seguían sin embargo, sus amigos, sus camaradas, muertos. Hombres que solo montaron un despacho con el fin de proteger a quienes creían que lo necesitaban. Aquellos no eran solo compañeros de trabajo, sino de lucha, una lucha que no había acabado. Nacho no se merecía todo aquello.

Todo fueron lágrimas durante el camino de vuelta. Todavía recuerdo cómo nos abrazamos, al encontrarnos. Cómo tú llorabas por ellos y como yo lloraba porque estuvieras vivo, de vuelta, aquí conmigo, maestro.

ORGANIZACIÓN

“Organización” de Ana Marante González

La vena de su frente se hinchaba al ritmo del minutero del reloj. Su corazón bombardeaba con la rapidez de sus palabras y sus manos se movían en sintonía con sus pasos. Don Julián Marante estaba nervioso, era el gran día del Santo, su gran día. Entonces nada más llegar a la Real Socuedad se dispuso a adornar el lugar con órdenes y gritos:

-¿Dónde vas Manuel? Me da igual, te vas a la plaza a que Carmencita planche la bandera de Canarias. Sin una arruga, ¿Me has oído? Ni una. Eh tú, el de los pantalones hortera, prepara el cuadro con las medidas exactas y como yo lo quiero. Y la sorpresa final del acto de la Semana Grande. .. lo haré yo, sí, ya verán qué bonito me va a quedar.

Fuerte desastre. ¿Es que nadie podía hacer las cosas como él quería?. Así el cabeza de familia de los Marante organizaba la bajada de la Virgen de la isla de la Palma.

Él era un personaje, con su lenguaje artificioso y la colonia que le compraba su esposa Migdalia. Demasiado peculiar para encajar en la realidad como un personaje secundario. Era el cotilleo de muchos, pero también el protagonista del desorden cultural del pueblo de San Antonio.

La vena de su frente se hinchaba al ritmo del suero del hospital, su corazón bombardeaba con la lentitud de su respiración y sus manos no se movían. Así, años más tarde, mi abuelo organizaba su gran adiós.

SÚPER LÓPEZ

“Súper López” de Marta Ramos Gómez

Yo tenía ocho años, a penas entendía nada, y él tenía noventa y ocho, se llamaba Antonio y era mi bisabuelo. Siempre lo llamaba abuelo, porque así lo llamaban todos y a él le gustaba. Cuando yo era más pequeña iba a caminar con él, era un hombre mayor, pero fuerte, iba todos los días a caminar y a mí me encantaba ir con él. Recuerdo que siempre me contaba historias de cuando él era joven, pero yo era muy pequeña, no las entendía, pero me gustaba estar con él. Recuerdo también bajar después de comer a su casa y verlo viendo telenovelas, le encantaban, y yo tampoco lo entendía, me limitaba a jugar sola, pero escuchando sus historias que poco después olvidaría. El tiempo pasaba, y nadie podía pararlo, las cosas fueron cambiando y él ya no podía levantarse apenas de su cama… Y un día, su corazón ya no latió más, y eso tampoco lo entendí. Yo tenía ocho años y él noventa y ocho, y a pesar de pasar mucho tiempo a su lado apenas lo recuerdo. Hoy en día sé que siempre iba descalzo, que solo tenía zapatos los domingos y eran los del hermano mayor. Sé que iba todos los días de Guamasa a Valle de Guerra caminando, descalzo, para trabajar y darle dinero a sus padres. A su familia. Era el quinto de diecinueve hermanos, y era feliz sintiendo que trabajaba por ellos. Ahora lo entiendo todo. Entiendo el dinero que me daba para que, llegado el momento, me comprara un coche, dinero que yo gastaba en juguetes. Entiendo el valor que le daba a todo lo que tenía, entiendo que quisiese contarme todas sus historias que yo, por ser pequeña, no entendía. Ahora sí entiendo que me hubiese encantado poder pasar muchas horas más a su lado, ahora entiendo que lo admiraba.

CRÍTICAS IMAGINADAS

Críticas imaginadas

Estábamos dando nuestra clase sobre crítica literaria en la que los alumnos tenían que realizar la crítica de un libro inventado, un ejercicio que desarrolla la Imaginación y el espíritu crítico, cuando invadieron por turnos nuestra clase, señoras que buscaban una reunión de cohousing.

Les preguntamos sobre el tema y parece que el asunto es algo así como la emancipación de los abuelos o cómo vivir en comunidad a partir de la jubilación. La cuestión es que algunas de nuestras jóvenes escritora encontraron la inspiración necesaria para imaginar una posible novela y hacer la crítica de un libro que todavía no existe.

Ahora, el grupo de Jóvenes Escritores 2017-18 se llama Cohousing.

     

 

 

 

 

 

 

 

 

Crítica de Iris Paz García 

“Cohousing: Juntos, pero no revueltos” de Lydia López.

La idea de que un grupo de ancianos que rondan desde los sesenta hasta los ochenta y pico años en la comuna de mayores situada en “La Nube” es, cuanto menos, curiosa. Y este es el planteamiento de “Cohousing: Juntos, pero no revueltos”. Su polémica autora ha saltado a la fama a la edad de setenta años, porque si bien todos conocemos la historia en la que un grupo de veinteañeros comparten piso aquí el arco de personajes es sustituido por los viejos y los puretas. Los viejos que juegan a ser jóvenes.

Contamos con varios personajes principales: Doña Lala, que intenta superar la muerte de Don Paco. Doña Asunción y Doña Irene, las vecinas cotillas de la planta baja que conocen todo lo que pasa en la residencia de Cohousing. Pepe y su esposa la Pepa, los narcotraficantes del cuarto piso. Ahora son los padres los que huyen de sus hijos y tienen prohibido dar lecciones de vida a sus nietos.

A lo largo de estas cuatrocientas páginas conoceremos las idas y venidas de este alocado conjunto de personajes en el que cada uno destaca a su manera con su revoltosa mente en acción. Así pues, pasaremos desde el educado grupo de ancianitos que conoce a su nuevo vecindario hasta que se empiezan a producir una serie de eventos a cada cual más insospechado. Cada vez más revuelto, como dirían ellos.

Estoy segura de que al leer esta historia acabarás sintiéndote como si dialogaras con tu abuelo. Volvemos a recuperar las frases arcaicas y despasadas de la década de los cuarenta, las expresiones de pueblo con los cotilleos sobre la mujer descocada que es doña Lala. La vecina del tercero, que tiene cerca de los sesenta pero desde que conoció al camarero de los chupitos están siempre juntos como culo y calzón. Por supuesto, también tendremos a la sabelotodo de Marianela que no puede creer en lo que se ha convertido el cohousing: “Una cosa es libertad y otra libertinaje”, como les suele reprochar.

Nos encontramos ante una historia en la que los viejos son unos revoltosos. Es divertida, hilarante, se nos presenta un cómico baile de máscaras en el que se esconden las arrugas, los dolores y las aburridas conversaciones sobre este tiempo que está tan loco por la fachada de quien juega a ser joven antes del precipicio de la muerte. Y pienso que tú, como nieto, como hijo, deberías leerla para que sepas que es realmente lo que se le pasa por la cabeza al viejo que se sienta a tu lado.

 

“Critica de un libro inventado” de Elena Monzón Cejas 

Título: Juntos pero no revueltos

Género:Comedia

Editorial:La nube

La historia comienza cuando Jofrey, un hombre de 80 años , siente que no es capaz de mantenerse por sí mismo y decide buscar residencias de ancianos y da con una llamada “Cohousing”, una comuna para ancianos que cuenta con servicios de lujo como piscina, salón de masajes y muchos otros, entusiasmado, Jofrey ingresa en el período de prueba de 3 meses, pero su nieta Sara no se lo cree, ya que ve a su abuelo incapaz de hacer un cambio tan grande. ¿Descubrirá Sara una nueva versión de su abuelo?.

El tema trata de que siempre es posible hacer cambios en tu vida sin importar la edad que tengas.

Respecto a esta novela, a pesar de que el lenguaje es coloquial con abundantes vulgarismos, considero que es sensacional sobre todo con la evolución de los personajes ya que hay capítulos donde el abuelo pasa de dormirse a las siete de la noche a emborracharse en una fiesta, (menos mal que el narrador nos revela que tenía un hígado biónico), también las expresiones sarcásticas la nieta que aportan realismo a la situación y como se aprecia que Cohousing está ambientada en una “Hermandad universitaria americana”, en conclusión, no despegarás la vista de esta novela.

 

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